lunes, 23 de enero de 2012

TALLER DE CUENTOS AFRICANOS



FEBRERO 2012. SEMINARIO TALLER DE CUENTOS AFRICANOS

INFO:www.cuentosafricanos.com

sábado, 10 de diciembre de 2011

miércoles, 26 de agosto de 2009

miércoles, 5 de agosto de 2009

Cheikh Guaye y Pedro Parcet en LA NAVE KADMON - SAN ISIDRO


TSAVO ARTS EN SAN ISIDRO - AGOSTO 2009


CUENTOS, DANZAS Y PERCUSIÓN AFRICANA - LA NAVE KADMON
SHOW EN VIVO ··· DOMINGO 09 de AGOSTO 17 HS ···SAN ISIDRO: LA NAVE KADMON ··· Dirección: Ituzaingó 632 (frente a la plaza y la Catedral)


· 17HS Cuentos africanos a cargo de Pedro Parcet;


· 18HS Clase abierta de Danza AFRICANA a cargo de Cheikh Gueye;


· 18:30HS Danza & Percusión AFRICANA con Daaradji Gaynde a cargo de Cheikh Gueye.

EXHIBICIÓN DE PINTURAS AFRICANAS A CARGO DEL ARTISTA IVÁN GARRIBIA.

jueves, 12 de marzo de 2009

TSAVO ARTS -


IVÁN GARRIBIA A REUNIDO EN TSAVO ARTS A UNA AGRUPACIÓN DE ARTISTAS ARGENTINOS Y AFRICANOS QUE SE DEDICAN A DIFUNDIR LA CULTURA AFRICANA EN ARGENTINA.

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Tsavo arts.

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CUENTOS AFRICANOS

martes, 27 de mayo de 2008

PEDRO PARCET PRESENTA CUENTOS AFRICANOS


EL DÍA DOMINGO 15 DE JUNIO 2008 PRESENTO

UNA NUEVA FUNCIÓN DE CUENTOS DE ÁFRICA.

“AMOR POR SENEGAL”

LOS ESPERAMOS EN EL JARDÍN DE LOS ÁNGELES:

AV.CORRIENTES 1680 1°PISO

EL DÍA DOMINGO A LAS 18. 30 HS.

ENTRADA $10

lunes, 19 de mayo de 2008

domingo, 16 de diciembre de 2007

Yehá, el Sultán y las mulas


Un día quiso el Sultán reírse de Yehá. Le rogó venir a Palacio y acompañarle a dar un paseo en mula. El Sultán, para ridiculizar a Yehá, había mandado cortar el labio superior de la mula que le estaba destinada. Yehá fue a la cuadra antes de reunirse con el Sultán y se apercibió de la que estaba preparado. Entonces cortó la cola de la mula del Sultán y le puso alquitrán en la herida. En el momento de subir en las mulas, Yehá fingió no darse cuenta de la mutilación de su montura. Cuando iban de camino se volvió el Sultán hacia Yehá, que respetuosamente trotaba detrás de su Señor, y le dijo: –¡Oh, Yehá!, ¿por qué se ríe tu mula? –Señor, respondió Yehá, se ríe de ver que la vuestra no tiene cola. El Sultán comprobó que, en efecto, su mula no tenía cola y que había sido ridiculizado a los ojos de los paseantes. Se apresuró a dar media vuelta y entrar en palacio.”

jueves, 1 de noviembre de 2007

Cuento del Magreb La opinión de los demás (sufi)


Un viejo y un joven viajaban con un asno. Al llegar a la aldea caminando junto al animal, los niños de la escuela rieron al verlos pasar diciendo:

-Mira esos tontos, tienen un asno robusto y van caminando, por lo menos el viejo podría montarse en él.

Al escuchar a los niños, los hombres pensaron que deberían de seguir el consejo, pues pronto llegarían a otra población y la gente se volvería a reír de ellos. Así pues, el viejo se montó en el burro y el joven caminó detrás.

Entonces encontraron un grupo de gente que los miro y dijo:

-¡Mirad! El hombre viejo montado en el burro y el pobre muchacho caminando.

Así que cambiaron puestos, el hombre viejo camino y el joven montó en el burro.

Entonces otro grupo de gente se acercó y dijo:

-¡Mira que muchacho más arrogante! Quizás el viejo es su padre o su maestro, y va caminando mientras el joven va montado en el burro. Esto es contrario a toda norma.

Ahora, ¿qué podían hacer? Ambos decidieron probar la única posibilidad restante: sentarse los dos en el burro. Así que montaron ambos en él.

Entonces otro grupo se acercó y dijo:

-¡Mirad qué gente tan violenta! El pobre burro está casi muerto, mejor sería que lo cargaran ellos en sus hombros.

Así que otra vez lo discutieron y decidieron llevar al burro en hombros, pues de otra manera la gente de la aldea vecina los llamaría tontos. Por lo tanto, cortaron un bambú, colgaron al burro de las patas y lo cargaron. El pobre animal trato de rebelarse -como cualquier burro lo haría- y trato de escapar, pues no era un fanático de la sociedad, no creía en la opinión de los otros. Pero los dos hombres estaban empeñados y lo forzaron, así que el burro se doblegó.
Precisamente cruzaron el puente para llegar a la aldea cuando una multitud se reunió en derredor suyo y exclamó:

-¡Mirad a esos tontos! Jamás existieron idiotas semejantes, en vez de montar el burro lo llevan a cuestas. ¿Se habrán vuelto locos?

El burro mientras tanto se puso inquieto, tan inquieto que saltó y se cayó desde el puente al rió, matándose enseguida. Ambos bajaron al rió y junto al animal muerto el hombre viejo habló al muchacho, pues ésta no es una historia ordinaria, el viejo era un maestro Sufí, y el joven su discípulo

El viejo dijo:

-Mira, así como el burro, tú estarás muerto si escuchas demasiado la opinión de los demás. No te preocupes de los demás, pues ellos son muchos y tienen su propia mente, por lo que dirán siempre cosas diferentes. Si continúas escuchando a otros y no escuchas tu propio centro intimo, serás llevado de un lado para otro. Escucha tu voz interior, siéntela y muévete de acuerdo a ella.

Cuento Marroquí El asno y el caballo (sufi)


Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:

-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:

-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Cuento marroquí: Ben Zaid y el mochuelo


Ben Said, el zapatero, era un musulmán devoto y practicante. Un día, antes del atardecer, entró a la mezquita con la intención de orar,como era su costumbre. Después de hacer sus abluciones se sentó sobre sus talones. Se preparaba a invocar a Allah, cuando vio a una lechuza que estaba parada sobre el muro y parecía ignorar al gentío. Ben Said la miró un largo rato despertándole curiosidad.
Al día siguiente, a la misma hora, regresó a la mezquita, y el mochuelo estaba allí, parada sobre el muro. El tercer día la vio todavía en el mismo lugar: no se había movido. Cada tarde Ben Said encontraba al mochuelo inmóvil, en el mismo sitio. Decidió acercarse y se dio cuenta que el mochuelo era ciego, se dio cuenta entonces, porque la pobre bestia no abandonaba aquel lugar. -¡Es ciego! - se dijo Ben Zaid- ¿Pero cómo encontrará su alimento?
Entonces llegó un halcón y con las alas desplegadas abrigó al mochuelo, llevaba en el pico una pequeña serpiente, se puso a desgarrar la carne y le daba al pobre mochuelo. Al ver aquella escena Ben Said empezó a pensar y razonar y se dijo “No hay fuerza ni poder que no emane de Dios", "el halcón con su ayuda le impide de perecer miserablemente. Y decir que yo, pobre Ben Said, tengo que esforzarme para vivir y tengo que trabajar para juntar unas pocas monedas", ¿cuantos zapatos y más zapatos debo remendar todos los días?.¿Está mal levantarse tan temprano y trabajar con afán todo el día?, Más no vale la pena vivir con ansiedad permanentemente cuando sería suficiente tener confianza en la bondad de Dios que mantiene a este mochuelo Tal vez yo, Ben Said... ¿no tengo el mismo valor que un mochuelo a los ojos de Dios?
En fin, Ben Said decidió abandonar su oficio. Desde aquel cerró su tienda y se fue a sentar delante del portal de la mezquita. Estaba contento y orgulloso de sí mismo: “Ahora sí que me asemejo al viejo mochuelo”. Y esperaba a que los que pasaran y dejaran alguna limosna.
Un día pasó un amigo y lo miró y al reconocerlo le preguntó: ¿Ben Said, qué haces aquí?
El zapatero contó toda la historia del viejo mochuelo y del halcón. ¿No había sido acaso aquello una enseñanza? ¿Un signo de la voluntad de Dios?. Sin embargo el amigo dijo:
- Querido Ben Said me parece que tú no has entendido nada de lo que Dios te ha mostrado. No lo hizo para que tú corrieses a comportarte como el mochuelo, sino para que tu imitases al halcón que ayudó a un infortunado y más necesitado que él. Esto solamente te quería enseñar Dios: tú debes ser un amigo caritativo, bondadoso para los hermanos indigentes y debes ser para ellos un socorredor lleno de cariño.
Ben Said comprendió la enseñanza y regresó al trabajo con empeño para ganar más dinero y tratar de ayudar a los más pobres que él.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Cuento de Egipto: El mendigo sabio


El califa se encontró con un mendigo en el mercado y le preguntó:
-¿Qué quieres?
El mendigo se rió y dijo:
-¿Me preguntas como si pudieras satisfacer mi deseo?
El califa dijo:
-Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo. ¿Dime qué es?
Y el mendigo, que era muy sabio dijo:
-Piénsalo dos veces antes de prometer.
El califa Insistió:
-Te daré cualquier cosa que pidas. Soy el príncipe de los creyentes. ¿Qué puedes desear que yo no pueda darte?
El mendigo le dijo:
-Es un deseo muy simple. ¿Ves aquella escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?
Por supuesto -dijo el emperador.
Llamó a uno de sus servidores y le dijo:
-Llena de dinero la escudilla de este hombre.
El servidor lo hizo... y el dinero desapareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escuadrilla del mendigo siempre estaba vacía.
Todo en el mercado se reunieron. El prestigio del califa estaba en juego. Les dijo a sus servidores
-Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme.
Diamantes y perlas caían en la escudilla... los tesoros se iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba reunida en silencio. El califa se tiró a los pies del mendigo y admitió su derrota.
Le dijo:
-Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad. ¿De qué está hecha tu escudilla?
El mendigo se rió y dijo:
-Está hecha del mismo material que la mente humana. No hay ningún secreto... simplemente está hecha de deseos humanos.
Que la paz sea con todos.

Cuento Egipcio: El Hombre, su caballo y su perro


Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.
Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga y el sol era muy fuerte y los tres estaban empapados en sudor estaban sedientos. En una curva del camino, vieron un portón de oro y mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al guardián que cuidaba de la entrada.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el guardián.
-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.
-Esto es el cielo -fue la respuesta.
-Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante.
-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.
-Mi caballo y mi perro también están con sed.
-Lo lamento mucho -le dijo el guardián-. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar , con sed y agotados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra bordeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía...
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?
-Este lugar es el cielo -respondió el hombre.
-¿Cielo? ¡El guardián del otro lado del portón de mármol y oro me dijo que allí era el cielo!
-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.
El caminante asombrado dijo:
-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.
-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Cuento Árabe. El agua del Paraíso


Un beduino seco y miserable, que se llamaba Harith, vivía desde siempre en el desierto. Se desplazaba de un sitio a otro con su mujer Nafisa. Hierba seca para su camello, comía insectos, de vez en cuando un puñado de dátiles, un poco de leche. Llevaba realmente una vida dura y amenazada. Harith cazaba las ratas del desierto para apoderarse de su piel y hacía cuerdas con las fibras de las palmeras, que intentaba vender en las caravanas.
Sólo bebía el agua salobre que encontraba en los pozos enfangados.
Un día apareció un nuevo río en la arena. Harith probó aquella agua desconocida, que era amarga y salada, e incluso un poco turbia. Pero le pareció que el agua del verdadero paraíso acababa de deslizarse por su garganta.
Llenó dos botas de piel de cabra, una para él y otra el califa Harun Al-Rashid, y se puso en camino hacia Bagdad. A su llegada, tras un penoso viaje, le contó su historia a a los guardias, según la práctica establecida, y fue admitido ante el califa. Harith se postró ante el Príoncipe de los Creyentes y le dijo:
-No soy más que un pobre beduino, ligado al desierto donde el destino me ha hecho nacer. No conozco nada más que el desierto, pero lo conozco bien. Conozco todas la aguas que allí se pueden encontrar. Por eso he decidido traértela para que la pruebes.
Harun Al-Rashid se hizo traer un vaso y probó el agua del río amargo. Toda la corte lo observaba. Bebió un buen trago y su rostro no expresó ningún sentimiento. Se quedó pensativo un instante y entonces con fuerza repentina pidió que el hombre fuera llevado y encerrado, con la orden estricta de que no viese a nadie. El beduino, sorprendido y decepcionado, fue encerrado en una celda.
-Lo que nada es para nosotros lo es todo para él. Lo que para él es el agua del Paraíso no es más que una desagradable bebida para nosotros. Pero tenemos que pensar en la felicidad de ese hombre -dijo el califa a las personas de su entorno, curiosos por su decisión.
Al caer la noche hizo llamar al beduino. Dio la orden a sus guardias de que lo acompañasen de inmediato fuera de la ciudad, hasta la entrada del desierto, sin permitirle ver ni el río Tigris ni ninguna de las fuentes de la ciudad, sin darle otra agua que la suya para beber. Cuando el beduino se iba del palacio en la oscuridad de la noche, vio por última vez al califa. Éste le dio mil monedas de oro y le dijo:
-Te doy las gracias. Te nombro guardián del agua del Paraíso. La administrarás en mi nombre. Vigílala y protégela. Que todos los viajeros sepan que te he nombrado para tal puesto.
El beduino, feliz, besó la mano del gran califa y regresó rápidamente a su desierto.
Que la paz sea con ustedes.